Teresa ha escrito esta pequeña maravilla. La colgamos aquí, dándole nuestra enhorabuena y animándola para que siga escribiendo.p>
La amistad, el águila y la montaña.
Jaime era un niño que había nacido con problemas, tenía 8 años y se había pasado toda su vida en la planta del hospital, se había sometido a tres operaciones y aún le faltaban dos más para poder andar.
Jaime había desarrollado una pequeña habilidad: cuando veía a una persona, por su cara sabía si le ocurría algo o no.
Un día llegó la enfermera que le cuidaba, se llamaba Rosa. La vio mala cara, y entonces al preguntar Rosa le contó sus males y se fue con mejor cara de la que vino.
Aunque Jaime llevaba toda su vida en el hospital siempre sonreía y todo el mundo le preguntaba por qué estaba tan contento si llevaba toda su vida allí metidol y él contestaba siempre: los médicos dicen que si soy optimista me recuperaré más rápidamente.
Una tarde apagada llegó a su cuarto Roberto, un niño que tenia cáncer y de la medicina que le daban se había quedado calvo. Roberto no hablaba nunca y entonces Jaime decidió hablarle:
- Hola.
- ¿Estás dormido?
Roberto no contestó pero Jaime sabía que no estaba dormido porque por las noches le oía llorar. Un domingo que los padres de Jaime vinieron a verle le preguntaron que si le dolía menos y él contestó que no, pero que se aguantaba. Los padres muy sorprendidos le dijeron que si necesitaba algo y Jaime les pidió que le trajeran papel y sus ceras de colores. Ese mismo día Jaime tenía lo que había pedido.
Jaime quería regalar un dibujo a Roberto. Le dibujó a él sonriendo y a la hora de la cena se lo entregó. Roberto no dijo nada pero sonrió.
- Puedes utilizar mis ceras –dijo Jaime.
A continuación le pidió a Rosa que las dejara en su mesilla.
Al despertarse por la mañana vio a Roberto dibujar con sus ceras y se alegró. Desayunó y al rato Roberto se levantó a enseñarle su dibujo. Era precioso, todo el papel estaba cubierto, había prados con flores, un río, un águila volando y montañas que escondían un sol.
- Es para ti, por aguantar mi mal humor todo este tiempo, le dijo Roberto.
- Muchas gracias, contestó Jaime
- Mira, he pensado que si te gustaría ser el águila para poder ir donde quieras y ver las cosas desde arriba.
- Y a ti la montaña para que cuando el sol salga y entre parezca fuerte y sin ningún problemas
Los dos amigos se abrazaron.
-Seremos desde ahora los mejores amigos ya lo verás-dijo Roberto.
-Sí, y nos apoyaremos los dos cada día – respondió Jaime
Pasó mucho tiempo y cada día los dos estaban juntos el uno con el otro. Hacían bromas, se reían y jugaban. Llegó la hora de que Jaime empezara la rehabilitación para poder andar, por lo que se despidieron con mucha tristeza, pero Jaime prometió venir a verle todos los días excepto los fines de semana. Cada día Jaime salía del colegio y en el hospital hacia los deberes junto a Roberto.
Un día cuando fue a hacer los deberes con Roberto él no estaba. Preguntó a Rosa y ella casi llorando le dijo que Roberto había mejorado mucho este tiempo y le habían trasladado a Houston para terminar de curarse del todo su enfermedad.
-Entonces ¿por qué lloras? Dijo Jaime
-Porque ya no está en este hospital Contestó Rosa.
Jaime rompió a llorar.
- Tranquilo Jaime -dijo Rosa-, él dejó algo para ti.
Jaime entró en la habitación, vio la mesilla de Roberto y allí se encontraba una carta que ponía: “Para un amigo”.
Decía la carta:
“Tú que has sabido estar conmigo cuando estaba solo, que has sabido alegrarme cuando estaba triste y sin ganas de nada, tú que estuviste conmigo hasta el final y sin ningún bache ni parada, todos los días me apoyabas y me dabas ánimos para seguir optimista y con ganas de vivir, simplemente por ser tú y por pasar por mi vida. Gracias amigo.”