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cuentos a cientos

Categoría: Irene Valmaseda Ventas

11/03/2009 GMT 1

Irene Valmaseda, primer premio del concurso de narrativa (categoría: segundo ciclo de ESO)

cuentosacientos @ 11:49

Lo importante es el interior

Irene, ya "veterana" en este blog, ha ganado el concurso de narrativa "Rafaela Ybarra" gracias a este cuento. A mí me encanta. Me parece difícil lograr una atmósfera tan lírica, llena de valores universales, con tal parquedad de medios. Mi más sincera enhorabuena para Irene por este cuento y por el premio. ¡Que lo disfrutes, Irene!

Irene Valmaseda Ventas. Febrero de 2.009

TODOS DIFERENTES, TODOS IGUALES.

Hace ya muchos años, nacieron casi al mismo tiempo tres niños en diferentes lugares
del mundo.
Uno de ellos nació en el País de las Nieves. Fue el primer hijo de una pareja de
médicos. Era rubio, de piel muy blanca, ojos azules y cuerpo alto y delgado.
Otro niño nació en el País del Sur. Fue el tercer hijo de una pareja de campesinos.
Era un niño de piel oscura, hermosos ojos negros y cuerpo fuerte.
El último niño nació en el País del Sol, fue el primer hijo de una pareja de trabajadores
de una gran fábrica. Era pálido, de ojos rasgados y cuerpo pequeño y delicado como
el cristal.
El nacimiento de todos ellos fue motivo de inmensa alegría en sus familias, y poco
a poco fueron creciendo y aprendiendo, hasta que cumplieron veinte años y el destino
quiso unirlos.
Un buen día, los tres jóvenes quisieron dejar sus casas y sus familias y viajar a un
lugar diferente, donde continuar sus estudios y conocer a otras personas.
De esta forma, los tres se encontraron en La Ciudad que Roza el Cielo y enseguida
se hicieron amigos. Siempre que podían hablaban de su infancia. El joven del País
del Sur contaba que todos los días caminaba varios kilómetros para ir al colegio,
pero nunca se cansó y ahora estaba allí. El joven del País de las Nieves, se asombraba
al oír la historia, ya que él tenía el colegio a pocos metros de su casa. El joven del
País del Sol, contaba que sus padres trabajaban muchas horas y apenas les veía,
pero ahora que estaba tan lejos, les echaba mucho de menos.

Los tres jóvenes tenían un compañero al que todos llamaban Bad. Este chico era cruel
y odiaba a los chicos que venían de otros lugares. Siempre intentaba que los tres amigos discutiesen y se reía de ellos cuando algo les salía mal.
Un día todos los compañeros fueron de excursión al Lago Grande. Bad no dejaba de
gastar bromas pesadas a los tres amigos, se reía de ellos y les insultaba.
Los tres amigos estaban un poco hartos, pero hacían como si no le oyesen.
Cuando llegó el momento de volver, Bad no se encontraba con el resto de sus
compañeros. Le buscaron y vieron que se había caído al lago y se estaba ahogando.
El joven del País del Sur y el joven del País del Sol, no dudaron un momento y se
tiraron al agua. Con mucho esfuerzo, lograron sacar a Bad casi ahogado.

Bad se despertó en casa de su abuela que le cuidaba a pesar de ser ciega. Bad vio un
jarrón lleno de rosas blancas, rojas y amarillas colocado encima de una mesa.
Le preguntó a su abuela que por qué tenía rosas de varios colores si no podía verlas.
La abuela le respondió que lo que realmente le gustaba de las rosas, era su perfume,
porque al igual que en las personas, lo importante es el interior.

Pasaron muchos años. Los tres amigos volvieron a sus casas y fueron personas importantes.
Bad era ya un hombre viejo. Miraba por la ventana los rosales que florecían en el
jardín.
Y muchas tardes se acercaba despacio a las rosas de color blanco, rojo y amarillo,
cerraba los ojos, y aspiraba su perfume.

21/11/2008 GMT 1

Irene Valmaseda Ventas, alumna de 4º de ESO

cuentosacientos @ 11:34

No soy capaz de explicarlo

Vosotros, los que leeis, aún estais entre los vivos; pero yo, el que escribe, habré entrado hace mucho en la región de las sombras.
Todo comenzó en el pueblo de mis abuelos, una pequeña aldea de Extremadura, la noche del 1 de Noviembre de 2007. Yo tenía tan solo catorce años de edad y era una jovencita valiente, o eso creía yo.
Acabábamos de cenar y mi abuela se disponía a asistir a la misa de las nueve de la noche.
Mis primos, de edad parecida a la mía, también habían venido a pasar el fin de semana, y propusieron salir a dar un paseo a pesar de la oscuridad de la noche y de que la mayor parte de la gente se encontraría en misa.
Mi abuela salió hacia la iglesia y a los pocos minutos salimos nosotros tres.
El viento soplaba y hacía volar nuestras bufandas; a lo lejos oíamos las canciones
de misa que sonaban lejanas y parecían venir de un lugar cercano al infierno. De repente, una ráfaga de viento más fuerte y helado me arrancó el gorrito de lana roja que llevaba puesto, y cuando volví la cabeza para buscarlo comprobé que mis primos ya no estaban conmigo.
Yo oía los latidos de mi corazón e intentaba gritar sus nombres, pero el miedo silenciaba mi garganta. De repente creí ver una débil luz como si fuese una linterna y me dirigí hacia ella. A medida que me acercaba a la luz, creí oír un sonido familiar, tal vez una armónica, y así era. Se trataba del afilador del pueblo, que iba con su bicicleta y su piedra de afilar.
Por un momento me sentí aliviada, pero a medida que me iba acercando a él, podía ver claramente su cara con los ojos enrojecidos y su horrible sonrisa mientras me decía:
¿Te has perdido pequeña? Acompáñame. Acompáñame…
Y los dos nos perdimos en la oscuridad. Yo creo que sentí cuchillos y tijeras clavados por mi cuerpo, aunque esto no soy capaz de explicarlo porque ya no pertenezco al reino de los vivos, y en el reino de los muertos las sensaciones son completamente diferentes.

Irene ya nos había deleitado con una de sus historias y hoy nos deja esta otra. Leerla es un verdadero placer. En este relato tienen muchísima fuerza los pequeños detalles, como ese gorro que se vuela con el viento o esos cuchillos y tijeras del afilador. El final está verdaderamente bien.
Nuestra enhorabuena a Irene y reiterarle nuestro agradecimiento por compartir su trabajo.

03/03/2008 GMT 1

Irene Valmaseda. Otra de nuestras alumnas.

cuentosacientos @ 13:22

Te estaba buscando

Irene Valmaseda Ventas. Febrero de 2.008.

EL PODER DE LA AMISTAD

Aquella mañana Bianca se levantó temprano. Abrió la ventana de su
dormitorio y miró hacia el jardín. Todo estaba como siempre:.Los árboles
blancos, las flores blancas, los pajarillos blancos y la hierba blanca.
A Bianca le encantaba, pero a los chicos y chicas del pueblo les parecía
raro. Hasta ella les parecía rara, ¡era tan blanca! su pelo era blanco, sus ojos
grises y su piel blanquísima. Pero eso era normal -pensaba Bianca- también
sus padres eran blancos y sus hermanos y hasta el perro era blanco.
De repente Bianca se sintió triste. Echaba de menos a su amiga Iris.
Hacía ya más de dos meses que no la veía, desde aquel día en que fueron
a pasear cerca del río.

Iris era una chica de la misma edad que Bianca. Bianca la apreciaba
mucho y estaba segura de que Iris también a ella. Pero ahora ya no se veían,
los amigos de Iris pensaban que Bianca no era normal, era demasiado rara y
sin color. En cambio Iris era maravillosa, con su pelo anaranjado y sus ojos
verdes, su piel rosada y sus labios rojos. ¡Eran tan distintas! ¿o quizá no?
también se parecían en muchas cosas, siempre coincidían cuando hablaban
de música, de películas, de asignaturas, incluso de chicos. Pero el día del río...
A Bianca se le escapó una lágrima. ¿Por qué Iris no la defendió? ¿Por qué
hizo caso de lo que decían los otros chicos y chicas? ¿Por qué no la querían?
Ella nunca le hizo daño a nadie y ahora estaba sola. Y todo porque Iris no
quería que sus amigos se enfadasen.

Mientras tanto Iris volvía a casa después de visitar a su abuela. Pasó cerca
de la casa donde vivía Bianca y sintió deseos de pasar a verla. Estaba a punto
de llegar a la puerta cuando sintió miedo de que Bianca no quisiera hablar con
ella. Seguramente Bianca estaba enfadada todavía.
Sí, será mejor que me vaya -pensó Iris- y dio la vuelta para marcharse.
Mientras caminaba, Iris iba recordando los momentos que había pasado
junto a Bianca: aquella vez que llovía a cántaros y tuvieron que quedarse en una
cueva durante varias horas, o aquel día que se perdió Nieve, el perro de Bianca
y le buscaron por todas partes.
Sí, habían pasado muchas cosas buenas juntas y también algunas malas,
pero siempre se habían apoyado la una en la otra. Tenían tanta confianza y
había tanto cariño... En ese momento Iris giró sobre sí misma y se encaminó
hacia la casa de Bianca, empezó a correr, tenía que verla, pedirle perdón y
decirle que nunca más se separarían, que sus amigos acabarían aceptándola,
que la necesitaba.
Iris corría y corría y al girar en una esquina, chocó de frente contra una
persona que también corría en dirección contraria a la suya. Al levantar la
cabeza vio que era Bianca, que con una sonrisa le dijo:
"Te estaba buscando".

>¿Verdad que este relato merece estar aquí presente?. Nuestra enhorabuena a Irene. Desde aquí le pedimos que siga escribiendo tan bien como lo hace y que nos siga pasando algunos de sus trabajos para enriquecer el blog. Se lo agradeceremos, sin duda.

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